HIPNO-CHRÓNIA - Luis Duarte Medina

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-DESTINO, tejido de vida.

            
Hoy quiero hablarte del destino, si, ese que casi nunca vemos, aquel que frecuentemente creemos que se conjuga en tiempo futuro y que sin embargo su eco en el presente nos estremece, quizá por lo vulnerables que somos ante él, ello o lo que sea.

    Si quisiera pensar en el destino, puedo pensarlo como un individuo, sentado cómodamente en una silla, frente a dos largos espejos, uno frente al otro, no de frente, sino dándose uno al otro la espalda, en uno de ellos, este individuo se asoma, convencido de lo que encontrará. En el reflejo encuentra un hombre de edad avanzada, cansado por los años, notablemente envejecido por la sabiduría. Este hombre a su alrededor tiene un gran número de hilos quizá de seda, suaves, levantándose sin objetivo aparente, entonces este hombre comienza a tejer estos hilos, toma una hebra de color azul y una verde y frente a ti aparece un paisaje soleado, con un cielo azul y un tranquilo árbol; jala dos hilos rojos y de pronto te encuentras frente al amor de tu vida, tal vez toma una tijera hace un nudo, corta y estas ante la muerte de un ser querido.
 
    En el otro espejo creo que se asoma un niño, de primera infancia, lleno de ilusión, vivaracho, sonriente, juguetón con un puñado de pinturas, de pronto sobre los nudos y cortes hechos por el anciano, el niño va tirando pinturas, avienta al aire un rojo y en ese momento el amor de tu vida te arrebata un beso apasionado, lanza un negro profundo y en ese momento no vez salida alguna a los problemas de la vida, pero el color se esfuma, se disuelve, no puede ser ausencia de luz todo el tiempo, siempre habrá un destello de esperanza, una amistad, un café caliente en casa al calor del hogar para un hombre que ha perdido a su familiar, un beso tierno para quien se ha roto una pierna, una mirada de consuelo que diga “aquí estoy, pase lo que pase y suceda lo que suceda, estaré para ti y contigo”.

               Ambos niño berrinchudo y abuelo sabio, a través es esos espejos se comunican, tejen y pintan al mismo tiempo, quizá el abuelo corta y un ser querido muere, pero al tiempo el niño derrama color blanco sobre el corte y esa persona que se va deja de sufrir, se encuentra en un lugar mejor, y ha dejado de padecer.
 
Me encanta que el destino este lleno de sorpresas, como cuando miras los ojos de un niño que descubre sus manos, me encantan las lecciones que el destino trae consigo, cargadas de sabiduría, como el observar la tranquilidad de un abuelo que mira el horizonte, me encanta el destino sabio y caprichoso, incierto y coqueto, retador y confiado.

Abuelo y niño tejen y pintan, cortan y tiñen, manchan y anudan, decoloran y rasgan; sabrá dios que tanto y más hagan para nosotros.

Lo único cierto es que allá, donde el tiempo no es tiempo, esa tela que hacen para nosotros, niño y abuelo, nos ha hecho pisar en el suelo de esta vida, de la única y la mejor manera que hubiéramos podido avanzar.
Concluyo con una frase del gran Jaime Sabines, “Yo no lo sé de cierto, lo supongo”.

Hasta la próxima HIPNO-CHRÓNIA

Luis Duarte Medina.

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